Durante el mes de febrero los alumnos que pasaron a 5to. Año de secundaria realizaron el tradicional viaje a Patagonia.
El mismo consta de 10 días en los que los chicos se conectan con la naturaleza, respetándola y aprendiendo todos los días algo nuevo, desde como leer un mapa y guiar a su grupo hasta cocinar con calentador en medio de la montaña.

El viaje se realizo en 2 grupos, y este año el clima fue bastante distinto entre los dos, el primer grupo tuvo sus dos primeros días con lluvias y frio; para despues finalizar los restantes días con sol a pleno, lo que permitio aprovechar al máximo toda la parte de lagos y playas. El segundo grupo fue lo inverso. Este permanente cambio del clima enriquese muchisimo más la experiencia de los chicos.

Estas diferencias de clima no prohibieron que ambos grupos completen la totalidad de la Expedición acampando en Laguna Llum, Playa La Volteada, Los Pozones, Laguna Azul, Filo del Capitan, Mirada del Doctor, Laguna Huaca, Laguna Ilon y conocer EL Paso de las Nubes y el Refugio Agostino Rocca. Después de esta travesías, entre los jóvenes , descubrimos guías, cocineros, maestros  y líderes que no conocíamos.

Destacamos el comportamiento de los alumnos en todo momento, realmente un excelente grupo.

También agradecer a las familias que sin su apoyo este viaje no seria posible. Al staff de profesores y directivos del colegio San Andrés, guías de la Fundación Explora y a todos que de alguna u otra manera colaboraron para que el viaje sea un éxito.


Queremos compartirles el siguiente cuento que realizó uno de los alumnos, Agustín G.B.:
Vuelo”
Aquella noche de invierno Dios le brindó la vida. Nació a eso de las doce, iluminado hasta por la última estrella y protegido por la belleza de la luna. Lamentablemente no pudo disfrutar aquel hermoso paisaje. Verás, los pájaros son ciegos durante los primeros días de su vida, carecen del sentido de la vista. Pero quédate tranquilo que eventualmente lo ganan, todos lo hacemos, y poco a poco logran ver... y luego aprenden. Pero me estoy adelantando, eso viene luego. Durante sus primeros días el pequeño pájaro será cuidado por su madre y padre, ellos le darán de comer, le harán un nido, lo mimarán y lo amarán. Le cantarán canciones de cuna y canciones de amor, lo abrigarán durante el frío y lo abanicarán durante el calor. Le darán todo lo que ellos puedan para hacerlo feliz, pero para el pequeño pájaro todo esto pasa desapercibido…
Ya ha pasado un mes desde su nacimiento, y el pájaro ya puede volar y sueña con ser independiente. Una noche, en un pequeño acto de rebeldía, decide abandonar el nido de sus padres, como hacen todos los pájaros. Se aproxima al borde de la rama sobre la cual estaba apoyado el nido y, sin pensarlo dos veces, comienza a volar. Comienza a volar sobre las blancas nubes, sobre la serenidad del río, sobre la tranquilidad de la pradera. Vuela durante toda la noche, deseando que sea eterna. Su cuerpo entero, en éxtasis. Por fin ha encontrado aquella libertad que tanto anhelaba. Y así comienza su viaje.
Al despertar la mañana siguiente, el pájaro sufre del frío y del hambre del invierno. Ya no se encuentra en la calidez del nido de sus padres ni tiene a nadie que lo alimente. Comienza a extrañar la comodidad de su hogar, todos los placeres de estar en casa. Y así es como nuestro pájaro aprende a ser agradecido.
Pero su viaje continúa.
Extiende sus alas y vuelve a volar. Y vuela. Y poco a poco se cansa; sus alas le duelen. Y con cada segundo que pasa, el dolor se intensifica hasta el punto que comienza a ser intolerable. El pájaro ahora sólo puede pensar en el tiempo que resta para encontrar una rama y poder descansar. Pero, por alguna inexplicable razón, empieza a aceptar el dolor y deja de pensar en el descanso. Y al hacerlo, entra en un estado de paz en el que nunca antes había estado, y puede sentir cómo, mientras vuela, cada músculo se contrae y se relaja. Y así es cómo el pájaro aprende a vivir en el presente.
Luego de un tiempo encuentra a otros pájaros que también habían abandonado sus nidos. A pesar de algunas diferencias, deciden volar juntos y pronto forman vínculos tan fuertes como el acero. Si un integrante de la bandada se siente cansado, todos bajan su ritmo, lo motivan para que no se dé por vencido. Si otro se encuentra enfermo entonces todos deben cuidarlo y asegurar su bienestar. Y es así como nuestro pájaro aprende a dejar de pensar de manera individualista y aprende a pensar como grupo, como un todo.
Una noche de tormenta, la bandada se encuentra expuesta a la agresividad de la naturaleza. Los tomó desprevenidos y por lo tanto deben actuar rápido. Cada uno de los integrantes cumple su debido rol: algunos buscan las ramitas, otros el lugar para hacer el nido y otros les llevan los materiales a aquellos que lo construyen. De esta manera logran lo casi imposible y construyen el nido rápidamente. Y así es como nuestro pájaro aprende el valor de trabajar en equipo.
Y luego de diez días de convivir con la bandada, el pájaro aprende a valorarlos. Aprende cómo ayudar a los demás y cómo ser ayudado. Aprende cómo liderar y cómo escuchar. Aprende a ver el verdadero valor de las cosas. Aprende a ver más allá de lo superficial. Y, por último…
Aprende a ver dentro de sí mismo.
Y así termina su viaje, su vuelo.

Y finalmente, los profesores quisiéramos sumarnos a las palabras de una alumna  que resume un poco el objetivo y las expectativas con respecto a esta incomparable experiencia:

“¿ Qué me llevo?. Gratitud. Estaba agradecida de haber podido tener esta oportunidad, de 15 personas riéndose y transmitiendo felicidad incesante rodeados de la naturaleza y en mi mente únicamente el sentimiento de gratitud”.

Profesores Hernán Iglesias y Martín Taborda.


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